Què és Espadàniques?

dijous, 28 de maig de 2015

El valle que nos lleva

per Rubén López Morán
Autor del blog Senderal
Twitter: @rulopezmoran



ESPADÀNIQUES vol agrair a l'autor la cessió d'este treball, que va publicar en el seu blog i ara ens obsequia.


La sierra Espadán alberga la mancha de alcornocal más importante del sureste de la península Ibérica. Y el bosque más puro de estas latitudes se encuentra de camino a la Casa de la Mosquera, en el Barranco de la Falaguera (Azuébar)



Emboscarse. Esto es lo que les pido en esta ocasión. Pero no en su voz de apostarse en un sitio para asaltar a alguien, como el ladrón Fendetestas, sino para internarse en la espesura y hermanarse con los seres más pacíficos y bondadosos del bosque. Aquellos que no conocen la vanidad. Que nunca se dan importancia, aunque con su sola presencia embellezcan el alrededor. Para caminar bajo sus copas, acariciar sus troncos y admirar su arquitectura nudosa, la única que une la tierra con el cielo. Y por unos momentos abandonar el camino trillado y aventurase en un sendero entrevisto. Para sentir que algo o alguien nos observa a nuestra espalda. Que nos mira inquieto porque su espíritu está hecho del rumor del viento y el ruido de la lluvia sobre la fronda. Un manto verde y perenne que cubre con mimo unos márgenes que en parte han sido moldeados a nuestra imagen y semejanza.

El alcornoque es sin duda uno de los árboles más nobles de nuestra geografía, aunque el idioma no le haya hecho justicia. La expresión “pedazo de alcornoque” se aplica a una persona escasa de inteligencia cuando este ser vivo es un compendio de virtudes. De su corteza se obtiene un producto insustituible por sus cualidades: ligero, comprensible, elástico, impermeable, con elevada capacidad de aislamiento acústico y térmico, y resistente al fuego. De ahí sus múltiples aplicaciones, siendo el tapón de corcho la más extendida. No es por tanto una malformación genética o un capricho estético que la mayoría de los árboles que nos amparan estén descorchados, porque estamos sumidos en un bosque cultivado. Un patrimonio cultural y natural único en su género.


La saca del suro
Así se denomina el proceso de pelado del árbol por parte de los sacadores o traedors. Unas cuadrillas que siguen realizando la saca como sus antepasados: con hacha y mango. Además, todas las piezas de corcho o suro son transportadas a puro huevo primero y luego a lomos de mulas, porque en estas montañas no entran ni el tractor ni la oruga. La primera cosecha susceptible de convertirse en un tapón de calidad llega a los 40 años. Después el descorche se sucede cada 12 o 13 años, teniendo una esperanza de vida de dos siglos y medio. Ciertamente, no es un negocio de aquí te pillo y aquí te mato. Y aún así, los sacadores están extendiendo el alcornocal a la sierra Calderona. Obvio, es su manera de ganarse la vida, aunque sea parcialmente.


La Casa de la Mosquera
La Casa de la Mosquera era una antigua explotación de corcho. Hoy la finca está abandonada. Pero se mantiene en pie. Y nos invita a asomarnos, con la debida precaución, por sus balcones y ventanas, ya que han perdido sus barandillas y postigos. No hay mejor enmarcado del valle que desde sus diáfanas habitaciones. A sus pies brota entre helechos y madreselva un modesto hilo de agua. Las aguas de Espadán son muy apreciadas. No en vano, hay dos embotelladoras en los pueblos de Chóvar y Almedíjar. No desaprovechen la oportunidad y repongan el preciado líquido. No es la fuente de la juventud, pero sus propiedades están contrastadas: baja mineralización, pocas concentraciones de residuo seco, y completamente libre de tratamientos químicos ya que el alcornocal actúa de filtro natural.


Las comarcales de Espadán
Azuébar
El paisaje es memoria porque sostiene las huellas de los que estuvieron. Los castillos; los bancales de piedra seca; la toponimia; el bosque en sí mismo. Todo remite a un pasado que se refleja sobre la ventanilla de nuestro vehículo en la carreteras que atraviesan el parque natural. Unas cintas de asfalto que serpentean entre los pueblos de Soneja, Azuébar, Chóvar, Eslida, Aín y Almedíjar. Unas carreterillas que tienen la propiedad de recorrerlo. En cierto modo, de revivirlo, aunque sea fugazmente, mientras nuestra mirada se disipa sobre esos tiempos antiguos que quedaron prendidos en un paisaje prácticamente inmutable.




DATOS DE INTERÉS

Cómo llegar
Desde Valencia por la Autovía Mudéjar salida Soneja-Azúebar. Justo a la salida de Azuébar, tomad la pista de asfalto que deja a mano izquierda el área recreativa Las Carboneras. Tras unos 3 o 4 kilómetros, esta carreterilla aboca a la pista forestal que atraviesa el Barranco de la Falaguera. Hay espacio para estacionar.

Dónde comer
Restaurante La Carbonera, en Chóvar (Castellón). Tel. 964 65 10 56


El alcornoque es, sin duda, uno de los árboles más nobles de nuestra geografía, aunque el idioma no le haya hecho justicia. «Pedazo de alcornoque» se aplica a una persona escasa de inteligencia, cuando este ser vivo es un compendio de virtudes.


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