Què és Espadàniques?

dimecres, 13 de gener de 2016

Llegendes de la serra d'Espadà (VI): les narracions d'Elisa Pérez Rodríguez (1912). La cueva del Estuco

per Òscar Pérez Silvestre
Filòleg, investigador i escriptor

ESPADÀNIQUES vol agrair novament a l'autor la cessió d'un treball per a este blog, refet a partir del treball més extens publicat en la revista Camp de l'Espadar 18 de la SASE.


Hui publiquem la segona part del treball d'Òscar Pérez Silvestre, dedicat al text que va escriure Elisa sobre una excursió estival al pic Espadà i la cueva del Estuco en 1912. 

El pic Espadà i la cueva del Estuco (Algimia de Almonacid)
Aquesta coneguda cavitat –també anomenada «la Sima»– té segons els especialistes de l’Espeleo Club Castelló un recorregut real de 85 metres i una profunditat de –16,5 m. A més, és d’interés científic com a hàbitat de rates penades. Prenent com a base la descripció que en fan, aquesta cova desenvolupada en calcàries del Muschelkalk té una boca de 2 x 1,5 metres que dóna pas a un pendent de 7 metres que desemboca en una sala de 40 x 25 x 12 metres amb abundants i grans formacions calcítiques, i una segona boca en la volta en forma d’avenc de 14 m. En l’extrem oest de la sala, una gatera dóna pas a una altra sala de 10 x 5 x 4 metres denominada «La Sagristia». La sala principal, rica en formacions estalagmítiques, és circular, del tipus «bossa», generalment formada per l’aplec de diverses aportacions en el mateix lloc, on s’embassava l’aigua en la seua època d’evolució i es dissolien els materials del sostre i parets, per la qual cosa queda clar que és de tipus «pou». Actualment es troba en procés de fossilització. Sembla que la cavitat fou comprada per la Caja de Ahorros de Segorbe per a convertir-la en aula de la natura.
Carlos Sarthou Carreres la va visitar a principis de segle per a la seua Geografía general (1913), i també altres com Jeannel i Recovitza entre 1918 i 1927 per a l’elaboració del treball bioespeleològic Enumeration des grottes visitees 1919-1927; al seu torn, la Colla Excursionista El Sol que hem esmentat més amunt l’explorà entre els anys 1928-1930, a més d’altres investigadors com Toni Fornés i Carlos Orlando (1979) o Policarp Garay (vegeu Camp de l’Espadar número 10). Segons les contalles populars, el nom prové de la forma i del color de les parets, com si hagueren sigut estucades per un geni extravagant.
El relat d’Elisa Pérez –de l’any 1912– forma part d’una excursió juliolenca al pic Espadà. La seua contemplació des del cim reporta un text de bellesa ben destacable. Podeu trobar l’original del text d’Elisa ací.

El pic Espadà. Fotografia d'Emili Beüt publicada en 1962

«Éramos jóvenes y alegres. ¿Qué nos importaba, pues, que el sol nos tostase y que las personas de seso nos asegurasen que á las doce de un día de Julio no se podía subir el Espadán? En cuanto á mí, era la primera montaña de tal altura que escalaba, y por nada del mundo hubiera perdonado el espectáculo que presentaba desde su cumbre la sierra ardiendo bajo los rayos del sol en el meridiano. Nunca como entonces vi dormir á la Naturaleza en pleno día; diríase que sesteaba abrumada, rendida por el calor sofocante de aquella tarde de verano. Sin embargo, el aire, allá arriba, era refrescante y lo absorbíamos ansiosos á la sombra de una peña que corona el coloso de la sierra, asiento tal vez de la atrevida águila.
La primera impresión que produjo en mí el mirar bajo mi nivel tanto monte y llanura, acá y acullá pueblecitos perdidos en las revueltas de una cañada, ó á lo lejos en la Plana, fue la de una soledad profunda. El espacio y el tiempo me parecieron allí más palpablemente eternos, girando en la incansable rueda del infinito.
Un movimiento vino á sacarme de mis meditaciones: nuestro amigo el doctor G. [Miguel Gallart Traver (?), metge de Tales] que figuraba como excursionista, por no decir que él era el alma de este nuestro turismo provinciano, sacó su reloj. «Señoras, señores: Lo siento mucho, pero á las tres, en el barranco, á las cuatro en la gruta...».
Tot seguit inicien la baixada per la Solana de l’Espadà. Un llenyater els va guiar fins a la cova i els contà la història del pastor vidu. La descripció que Elisa fa del camí, de la cavitat i del relat del pastor ens tornen a delectar:

«En marcha. Más agradable la bajada, por la pendiente opuesta mucho más escabrosa y aguda, no dejaba de ofrecer dificultades. Pero la esperanza de hallar la famosa gruta, nos animaba. Además, el barranco cuya vista desde lo alto causaba vértigos, presentaba ahora un panorama pintoresco, cruzado por cristalinos arroyos, en los que se miraban millares de adelfas, llorando sus añoranzas en aquellas soledades.
Era preciso buscar un guía y no nos fue difícil hallar un leñador que de buena gana se ofreció á ponernos en la boca de la cueva. «Porque –según dijo– nosotros solos jamás hubiéramos dado con ella. El hallazgo de aquella cueva no era fácil y tenía su historia».
¡A ver, a ver, cuente V.! –exclamamos con la curiosidad natural.
El leñador se dispuso á complacernos, y empezó así:
«El primero que se asomó á ese abismo, al que no podrán bajar sino por escalas, fue un pobre pastor de estos contornos. Era forastero y casó con una hermosa mujer de Aragón. Pero su luna de miel le duró poco; su esposa murió dejándole una niña. Cuando le consolaban en su desesperación, lo único que le hacía volver en sí era el recuerdo de su hijita. Y con ella se consoló; la criaba con una de las cabras más mansas del rebaño, gustaba de tenerla en brazos las horas muertas buscándole la risa, y reía mientras la imagen de la madre se le venía á las mentes renovando sus tristezas. Una mañana, la pequeña amaneció tristona; y antes de salir su padre, á duras penas logró de ella una sonrisita; la niña no vivió muchos días más; «los ángeles la quisieron para ellos» –como decía el pastor llorando– y «le habían dejado solo en el mundo». Desde entonces, rara vez se le veía por el pueblo; se volvió hosco y retraído y no faltó quien temiese por su vida; pero yo, hablando con él un día en el bosque, comprendí que el pastor inconsolable nunca cometería tal atentado; era creyente, y buscaba la soledad para rumiar sus penas y vivir de recuerdos.
«Aún había para él algo de interés en el mundo; algo que le traía á la memoria la dicha pasada: la cabrilla que había amamantado á su hija. Pasó un invierno crudo, y empezó el verano con los calores, sin que mejorase el carácter del pastor. Una tarde, mientras tejía enea sentado en este mismo sitio, mirando, por el ganado oyó un balido lejano, extraño y desgarrador, como si una de las reses se hubiese precipitado al barranco. Nunca le había ocurrido tal desgracia con ninguna de las suyas, pero ¡hacía tanto tiempo que la fortuna le era contraria! Y no cabía duda: el quejido era de su Estrella, la cabra que había criado á su hija. En vano voló con ansiedad al lugar del cual parecían proceder los gemidos cada vez más agudos y lastimeros; cuando creía estar más próximo, se alejaba sin darse cuenta. Las quejas de dolor íbanse apagando para resonar de nuevo en tonos desesperantes, y el pastor, conmovido, no sabía ya qué hacer, hasta que situado en el punto desde el que parecían más cercanas, percibió en medio de la loma una hendidura de roca que él había creído interior. Aplicó allí su oído y ya no le cupo duda: aquél era el sitio. Registrando el lugar descubrió un oscuro y bajo pasadizo, entrada á algún pozo que debió ser tumba de su animalito. Pero ¿la iba á dejar morir sin salvarla si podía, ó sin verla por última vez? Sin temor al peligro, el joven penetró arrastrándose por aquel corredor, hasta que la parte superior de su cuerpo sin base, se asomó á un abismo iluminado débilmente por un rayo de luz. Lo primero que vió fue el animal á tres metros más abajo, bañado en sangre. Luego que hubo dominado aquella primera tristísima emoción, otra le sobrevino al descubrir sus ojos hechos á la oscuridad: un templo maravilloso labrado en mármol negro, reluciente, con el pavimento de cristal en el que se reflejaban las bóvedas y columnas con sus imágenes extrañas...».
Algunos momentos más tarde, uno tras otro, bajábamos á la gruta con la ayuda de la maroma. La visión del pastor era exacta, descartando la superstición que le ofuscó los sentidos, haciéndole delirar por tres días.
Una vez más, la Naturaleza, generosa sin cálculo, derramaba bellezas tanto bajo la tierra como sobre ella, y como en los lugares visibles y apreciados, en los desapercibidos e ignotos. Un tragaluz sabiamente abierto en lo más alto de la bóveda esparcía débil claridad en aquel recinto. Allí las estalactitas y estalagmitas en combinaciones caprichosas formaban columnas labradas, cortinajes de filigrana bordados, lámparas de moldes fantásticos, suspendidas en el espacio... todo un templo que la exuberancia y lujo de adornos hacían aparecer más pagano que cristiano. Por una coincidencia debida al terreno, la labor del agua resultaba negra como el azabache; diríase aquello misteriosa necrópolis edificada en mármoles negros, templo de la muerte ó antesala de los suntuosos alcázares del raptor de Proserpina.
Cuando salimos, el fresco del interior nos había hecho olvidar el sol que nos esperaba. El astro rey nos pareció entonces mucho más esplendente y glorioso presidiendo su reinado de luz, todo alegría y belleza.
Y para no vernos obligados á perderle y usar de aquella su pálida suplente, de la noche, nos apresuramos á retirarnos antes que declinase el día, comentando la leyenda del pastor y el hallazgo de la pagoda de ébano á las faldas del Espadán.» 

Una vegada més vos convide a explorar els textos que parlen de la nostra serra. Potser siguen testimonis amb olor d’armari tancat, però saber i ser conscients que nosaltres continuem xafant els mateixos camins i tocant les mateixes pedres ens converteix en baules d’una tradició excursionista i d’estima ininterrompuda.
Gravat extret del 'Costumari català' de Joan Amades

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