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dilluns, 25 de novembre del 2019

Cirat, capital de una comarca vaciada

per Marisa Chiva Santolaria

Membre de l'Asociación Cultural Las Salinas de Cirat
Twitter: @chivamarisa


ESPADÀNIQUES vol agrair a l'autora esta reflexió sobre una realitat palpable als nostres pobles.


En estos últimos tiempos en los que se habla tanto de la España vacía o vaciada, la comarca del Alto Mijares es un claro ejemplo de ello. Pretendo con este artículo exponer mi opinión y experiencia acerca de la soledad de nuestros pequeños pueblos del interior, en concreto la de mi pueblo, Cirat, y con ello sumarme a la reflexión sobre este problema que comparte con otros pueblos de comarcas vecinas como son el Alto Palancia y la Sierra de Espadán.





Cirat, desde la época medieval, ostenta el título de villa y, desde la propuesta de comarcalización en 1970, el de capital del Alto Mijares. Sus tierras han estado habitadas desde la antigüedad por íberos, visigodos, musulmanes, judíos y cristianos. De todos ellos se pueden encontrar vestigios en su término municipal.

A lo largo de su historia, Cirat ha vivido épocas de desigual crecimiento demográfico originado por las antiguas guerras y epidemias sufridas por sus habitantes y sucesivas repoblaciones.


A mediados del siglo XX, durante los años en los que tuvieron lugar las obras del canal de la Hidroeléctrica, Cirat alcanzó una población cercana a los 2.000 habitantes. Con la finalización de dichas obras, la población ha ido disminuyendo paulatinamente hasta, aproximadamente, los 200 habitantes que se pueden contabilizar actualmente si sumamos, también, los habitantes que viven en la pedanía de El Tormo.

Yo nací en Cirat en la segunda mitad de los años 60 coincidiendo con la época de finalización de las obras del Canal. Por aquel entonces, todavía había en Cirat un colegio con bastantes alumnos; había dos aulas separadas, una para chicos y otra para chicas, y dos maestros. En cada aula había estudiantes de todas las edades, desde los que comenzaban a ir a la escuela hasta los que estaban a punto de acabar. Cuando comencé a ir al colegio ya no éramos tantos. Recuerdo ir a la escuela con los demás niños y niñas del pueblo, en la escuela unitaria, con la señorita Fina Bayo. A la hora del recreo corría a casa a buscar el bocadillo de atún con olivas con el pan recién hecho en el horno del tío Vicente, y al salir de la escuela todo el pueblo era nuestro sitio de recreo. Jugábamos al escondite por sus calles, al bote en la plaza de la Fuente o hacíamos de exploradores por el Ramblar o por las Cruces buscando algún lugar donde construir una cabaña secreta. Algunas veces también hacíamos de las “nuestras”, espantando a las gallinas de la tía Juliana y el tío Bernabé que picoteaban el suelo tranquilamente por las eras, o íbamos a coger quicabas cuyos huesos usábamos de balines con los tubos de cañas huecas.

Como actividad extraescolar, casi todos los niños íbamos a aprender a tocar la guitarra y la bandurria a casa del tío Ramón el Cestero para sumarnos a la rondalla del pueblo. Cuando pienso en aquellos momentos siempre se me dibuja una sonrisa de añoranza y felicidad por la convicción de haber vivido mi infancia en el mejor lugar del mundo, pero de todo aquello sólo queda el escenario vacío: ya no hay escuela, ni niños, ni siquiera panadería.
Al poco de comenzar la escuela nos quedamos en Cirat los más pequeños con nuestra señorita Fina. Los mayores tuvieron que ir a Montanejos, ya que allí se centralizó el colegio de la comarca. Iban a un colegio más grande, con más niños, con más oportunidades... Todo parecía que eran ventajas.

En 6º de EGB me tocó, como a los demás compañeros de mi edad, ir al colegio a Montanejos. Fue una buena experiencia para mí, al poder conocer a chicos y chicas de otros pueblos. Otros compañeros se fueron a colegios en Castellón, Onda, Nules o Vila-real a proseguir sus estudios y cada vez había menos niños y jóvenes en Cirat.



Tras los hijos se marcharon algunas familias, ya que los padres encontraban trabajo en estos pueblos más grandes de la Plana o en Castellón con más oportunidades para ellos y más facilidades para los estudios de sus hijos, pues era mucho el sacrificio que se requería. Había que levantarse muy temprano todos los días, esperar el autobús de Furió en la plaza San Bernardo y hacer la excursión diaria por la carretera de curvas, a veces con hielo o nieve en invierno, parando en Arañuel y las Alquerías a recoger a sus niños y con destino al colegio de Montanejos. Y por la tarde, el camino de vuelta.

A los pocos años cerraron la escuela de los más pequeños en Cirat porque apenas quedaban 4 o 5 niños, ¿y cómo se iba a mantener una escuela con tan pocos niños? Así que desde entonces el sacrificio era para todos, para los jóvenes y los más pequeños. Y continuó así el goteo de las familias hacia las grandes ciudades y poco a poco el pueblo se iba quedando sin niños y sin gente joven que pudiera emprender o continuar los oficios de los padres.

En mi caso, a los 12 años, mis padres, que continuaron viviendo en Cirat, me matricularon en un colegio en Castellón y a partir de entonces ya no volví a vivir en mi pueblo ni con mis padres de manera continua. Sólo regresaba a Cirat los fines de semana y para las vacaciones. De todos los que nacimos allí y que comenzamos los estudios en aquella escuela unitaria, ninguno vive actualmente en Cirat.

Esta historia que he contado de mi infancia no considero que sea nada especial. Es más, diría que puede ser muy similar a la historia escolar de muchos de los que nacieron en los pequeños pueblos de la comarca, pero he querido con ello exponer mi opinión de cómo ha podido afectar el cierre de las escuelas rurales a la despoblación sufrida. Se puede constatar que en aquellos pueblos donde se ha podido mantener la escuela, algunos de sus niños han crecido, continúan viviendo o han vuelto a ellos tras finalizar su formación, se ha mantenido algo más su población, como es el caso de Montanejos o Montán.

En este sentido, aplaudo la iniciativa de Almedíjar reivindicando su escuela rural y su empeño por atraer parejas jóvenes con esos niños que ayuden a construir un futuro para el pueblo. Espero que tengan éxito y que puedan ser ejemplo para otros pueblos vecinos. Pero creo que el problema de la despoblación en los pueblos de la comarca es demasiado profundo: la gran mayoría son pueblos vacíos y envejecidos, resultado de un éxodo paulatino provocado, en mi opinión, por un sistema que no ha sabido o no ha considerado relevante invertir en ellos. Todo ello ha conducido a un aislamiento injusto de los territorios con la supresión de oportunidades y servicios para sus habitantes. El resultado de todo ello llevo toda mi vida escuchándolo como un lamento: “el pueblo se muere”, “hay que levantar el pueblo”, “como no se haga algo, esto va a parecer un pueblo fantasma”, etc. Pero ese “algo” acaba siempre por no llegar de forma definitiva.




La verdad es que soy poco optimista al respecto. En el caso de Cirat, los establecimientos que quedan abiertos se mantienen con dificultad dando servicio a los que quedan. Muchos de aquellos niños y niñas que salimos del pueblo procuramos comprometernos de diferentes maneras en la lucha por mantener vivo nuestro pueblo, promoviendo actos culturales y tradicionales de diversa índole, defendiendo y dando valor a nuestro patrimonio cultural y natural desde diferentes plataformas y volviendo, siempre que podemos, a disfrutar de su naturaleza, sus rincones y de sus gentes, aunque por desgracia cada vez seamos menos y las vacaciones sean siempre demasiado cortas. Al acabar la temporada, volvemos a encontrarnos con la cruda realidad.


El tiempo siempre juega en contra. Cada año volvemos menos gente o permanecemos menos tiempo en nuestro pueblo, mientras estos lugares que tanto amamos esperan silenciosos y resignados a que vuelva la temporada de vacaciones para que se vuelvan a llenar sus calles de vida o a ver si tiene lugar algún milagro que cambie las expectativas. Y yo me rebelo ante el pensamiento machacón de convertir mi pueblo en únicamente un lugar de vacaciones, aunque, pensándolo bien, más vale eso que nada, porque los milagros siguen pasando de largo.












Agradezco a los administradores de este blog la oportunidad que me han dado al publicar este artículo y por su magnífica labor de dar visibilidad a los pequeños pueblos, exponer sus historias y enseñar sus tradiciones.


dilluns, 18 de novembre del 2019

La identitat “churra”: només un problema de noms?

per Carles Macian Villanueva
Llicenciat en Ciències Físiques i Màster Europeu en Administració Pública. Nascut a Barcelona, però d'orígens familiars a l'Alt Millars i l'Alt Palància.

@CarlesMacian


ESPADÀNIQUES vol agrair a l'autor la cessió d'este treball original per al nostre blog, una reflexió molt necessària sobre una part dels habitadors de la serra d'Espadà que ens implica a tots.




Començo aquesta col·laboració amb el blog “Espadàniques” plantejant una qüestió que m’interessa tant des del punt de vista personal com professional. Es tracta de la qüestió de la identitat, en aquest cas, la qüestió de la identitat col·lectiva dels habitants d’un espai geogràfic, cultural i lingüístic de fronteres difuses i reconeixement precari: les mal anomenades comarques “churras”.

El primer problema apareix ja amb la definició del propi espai. En efecte, la definició d’un espai requereix la delimitació d’una frontera que el singularitzi i que permeti separar la realitat en dues regions disjuntes, l’interior, que comparteix una sèrie de trets definitoris, i l’exterior, format per la resta del món que no comparteix aquests trets. El primer problema ens remet, indefectiblement, a un segon problema, el de la definició de quins són aquests trets comuns, una qüestió que no està exempta de polèmica i oberta al debat. Per què, a quins trets comuns ens estem referint quan parlem de la identitat de les comarques “churras”?

Podríem començar fent una primera definició en negatiu, en relació a una identitat clarament reconeguda, com és la valenciana. Així doncs, ens estaríem referint amb el concepte de “churro” a les zones del País Valencià on la llengua pròpia no és el valencià. Si fos aquesta la definició, ens estaríem referint a un territori molt ampli que inclouria, a banda de la zona nord-est de València i sud-oest de Castelló, les comarques de Requena i Utiel, afegides a la província de València en ple segle XIX i d’identitat castellana-manxega, a la comarca de Villena i, anant al sud, inclouria també la zona d’Orihuela, amb una clara identitat murciana. I no és el cas. Per tant, necessitem una definició més restringida, més acurada, del que és la identitat “churra”.


Mapa de les comarques “churras”, extret del Blog “Lengua Churra”


També podríem fer servir una aproximació de tipus històric, considerant les comarques “churras” com aquelles zones de l’interior de les províncies de Castelló i de València repoblades originàriament per gent provinent de l’Aragó i en les quals, a més a més, els processos de repoblament es van acostumar a fer sota furs aragonesos i impulsats i governats per senyors feudals aragonesos. Aquesta definició inclouria l’Alto Mijares, l’Alto Palancia, així com la comarca de la Serranía i l’Hoya de Buñol. Aquestes comarques comparteixen un mateix substrat lingüístic i cultural, ja que el procés de repoblament viscut al segle XIII i XIV va comportar l’establiment de poblacions de parla aragonesa i no catalana. La llengua aragonesa era la llengua parlada a tot el territori aragonès durant els segles XII i XIII, tot i que a mesura que s’entra en el període de la baixa edat mitjana es comença a produir un ràpid procés de castellanització, especialment a les ciutats i viles, que a poc a poc anirà irradiant també cap als seus hinterlands rurals. Les comarques “churras”, repoblades per parlants de l’aragonès, segurament deurien viure un procés similar, de manera que a finals de l’edat mitjana ja es devia haver completat del tot el procés de substitució lingüística de l’aragonès pel castellà, deixant com a llengua pròpia d’aquest territori un castellà amb una forta base lèxica, morfològica i fonètica aragonesa i amb influències de la veïna llengua catalana. Aquest dialecte del castellà es coneix com a “churro”.  Tot i que aquesta varietat lingüística convivia amb el valencià com a llengua oficial –en valencià redactaven els seus documents els notaris i l’administració reial també en aquestes comarques, almenys fins al Decret de Nova Planta de 1707–, mai es va produir un procés de substitució lingüística d’aquesta llengua “churra” pel valencià, tot i el seu major pes demogràfic i la seva posició de preeminència social i política.


Mapa amb l’evolució històrica de l’aragonès


Així doncs, tornant al problema plantejat inicialment –la delimitació de l’espai i els trets compartits–, aquesta perspectiva històrica i lingüística ens permetria afinar una mica més la definició de la identitat “churra” i vincular-la a l’extensió d’aquesta forma dialectal del castellà. També podem fer extensiva aquesta identificació a d’altres trets culturals propis de la gent d’aquest mateix territori, com podrien ser elements del folklore popular, el més destacat dels quals seria la jota aragonesa.


Ballant la jota  a la plaça de Montán, durant la festa major



Si acceptem aquesta definició, se’ns obre un nou problema que no és altre que el conflicte entre la superposició de les fronteres administratives i històriques amb les fronteres dialectals. En efecte, el dialecte “churro” no només es parla al País Valencià, sinó que també es parla a la part del sud i del sud-est de la província de Teruel, bàsicament a les comarques de Javalambre, Gúdar i el que anomenem impròpiament com “el Maestrazgo”, que els naturals de la zona havien anomenat tota la vida com “las Bailías”. Aquesta frontera lingüística deixa fora, per exemple, comarques properes com les d’Albarracín o la zona de la ciutat de Teruel, que presenten trets lingüístics diferents. Més enllà de la seva utilització en l’àmbit de la dialectologia, el concepte “churro” i el seu abast geogràfic ens remet, de fet, a una antiga connexió geogràfica i humana que havia vinculat secularment les poblacions “churras” a banda i banda de la frontera històrica de l’antic Regne de València amb el Regne d’Aragó. Si ens centrem en el sector de Castelló, a la banda de l’Alto Mijares i l’Alto Palancia apareixen uns eixos geogràfics clarament definits que connecten aquests territoris amb les zones de Gúdar i Javalambre i que han estat vies d’intercanvi econòmic i humà des de fa segles. D’una banda, el riu Palància –i la seva connexió a través de l’altiplà de Barracas amb la conca alta del riu Millars– articulava el camí entre la costa valenciana i l’interior aragonès, el camí que segueix l’actual “autovía Mudéjar”, fins a arribar al port d’Escandón, que delimitava l’accés a la zona d’influència de la ciutat de Teruel. A banda i banda d’aquest eix natural, les serres de Javalambre i de Gúdar servien de teló de fons a la conca alta del riu Millars, l’altra artèria natural de connexió entre la comarca de l’Alto Mijares i les comarques de Sierra de Gúdar i les Bailías. Aquest darrer eix natural, que recull les aigües de Javalambre a través del riu d’Albentosa i les de Gúdar amb els diferents naixements del Millars (el de La Escaleruela, a Sarrión, i el del Castellar), es veu flanquejat a l’est per una altra via de connexió, de més difícil trànsit, que és la vall del riu de Villahermosa, també conegut com riu de Linares, i que connecta la part baixa de l’Alto Mijares –la zona propera a la Plana– amb els vessants sud de Penyagolosa i arriba al cor de la Sierra de Gúdar a través de Puertomingalvo, Linares i Valdelinares, terres properes i molt vinculades històricament, cultural i geogràfica amb el nucli de les Bailías, al voltant de Cantavieja i Mosqueruela. Aquesta estructura geogràfica engloba en el seu interior dues serres, la serra d’Espadà i la serra d’Espina, que divideixen aquest territori entre l’Alto Mijares i l’Alto Palancia, per una banda, i l’Alto Mijares i els altiplans de Teruel, per una altra banda.

Paisatge típic de l’Alto Mijares. Corrales de Gausa (Montán)


Així doncs, encara que les fronteres administratives (entre comunitats autònomes i entre províncies) separen aquestes comarques, tot i que les fronteres orogràfiques (bàsicament les serres d’Espina, d’Espadà i la Calderona) les fragmenten en comarques amb personalitat pròpia, podem concloure, tal com fan els impulsors del blog “Lengua Churra”, que les comarques “churras” són l’Alto Mijares, l’Alto Palancia, la Serranía, l’Hoya de Buñol, el Rincón de Ademuz, Gúdar, Javalambre i las Bailías. I defenso aquesta delimitació no només per criteris lingüístics o culturals, sinó també per la meva experiència personal i familiar. Jo he nascut a Barcelona, però les meves arrels familiars estan al bell mig d’aquesta terra. Soc allò que es diria un “churro” de pota negra, o un “8 apellidos churros”. Per la banda paterna, de Montán (Alto Mijares), i per la materna de Campos de Arenoso (Alto Mijares) i de Caudiel (Alto Palancia). En tots dos casos, les línies familiars eren del poble de tota la vida, o havien vingut d’Olba o d’Albentosa, ja a la banda de Teruel. I la memòria familiar relativa a relacions comercials o desplaçaments sempre s’ha mogut en aquest àmbit geogràfic: el meu pare anant a vendre una càrrega de figues a Manzanera amb el “macho”; l’avi anant a tocar l’acordió a Zucaina o Villahermosa; la referència al blat de las Bailías o als pastors transhumants, els “herbajantes”, que anaven i venien per “las cañadas” amb els ramats d’ovelles i cabres. Igualment, recordo l’existència de vincles amb les poblacions de la serra d’Espadà o de la vall del Palància, però en cap cas aquesta memòria em connecta ni amb la Plana de Castelló, ni amb les comarques de parla valenciana de l’Alcalatén o de l’Alt Maestrat.


Vista general de Montán, amb Penyagolosa al fons

Imatge del convent dels Servites de Montán


Un cop delimitat l’espai i definits els trets bàsics d’identitat, torna a plantejar-se la pregunta inicial, la del nom, quin nom i si el nom fa la cosa. Si ets català, valencià o aragonès, és ben senzill delimitar l’espai, identificar els trets d’identitat bàsics i donar nom a la identitat amb la qual t’identifiques. En canvi, en el territori que hem descrit, aquesta qüestió és molt més difícil. Qui som? Com ens diem? Intentarem contestar-la.

Una resposta ràpida i merament descriptiva seria referir-nos a aquest territori com “la part del País Valencià de tradició cultural aragonesa”, i a la seva gent com “aragonesos del País Valencià o valencians de cultura aragonesa”. Tot i la raonable precisió de les expressions utilitzades, tothom estarà d’acord en la seva nul·la efectivitat a l’hora de descriure i d’identificar emocionalment, realment, territori i persones. Expressions massa llargues, massa confuses, ja que barregen dos significats diferents i clarament diferenciats, corresponents a identitats culturals (aragonès, valencià) i administratives (Aragó, País Valencià) clarament definides. Dit d’una altra manera: els habitants d’aquest territori pateixen un primer problema que és la impossibilitat de contestar de manera satisfactòria amb una sola paraula a la pregunta “qui som?”. De fet, ni som valencians –en un sentit ple del terme– ni tampoc som aragonesos. Faig aquesta afirmació no només amb la intenció de polemitzar, sinó també expressant la realitat viscuda des de la meva infantesa, passada a temps parcial d’estiu, Pasqua i Nadal a Montán, un poble situat al sud de la comarca de l’Alto Mijares, entre la serra d’Espina i la d’Espadà, actualment amb menys de 360 habitants l’any 2018.

El meu avi, trillant a l’era de Bajocastillo, a Montán.
Formes de vida tradicionals que s’han perdut


Tant a Montán com a molts pobles de l’Alto Mijares, fa molt temps que hi és arrelada una àmplia colònia estiuejant, majoritàriament provinent de la Plana i, sobretot, de València capital, de l’Horta i d’altres comarques properes. Aquesta colònia és majoritàriament valencianoparlant i es diferencien de la resta de pobladors pel fet que els seus vincles amb aquests pobles no són de naixement o familiars o, si és aquest el cas, el vincle familiar és ja tant allunyat en el temps que ja es pot donar per perdut. Des del punt de vista dels autòctons, aquestes persones sempre eren identificades com a “valencianos”, tant si eren de València, de Sagunt o de Castelló, una identificació que clarament els vinculava amb la seva condició de valencianoparlants o, per a ser més precisos, amb la seva provinença de poblacions que tenen el valencià com a llengua pròpia. En canvi, els autòctons no utilitzaven mai aquest terme per a referir-se a ells mateixos, ni individualment ni col·lectivament. I la raó que no l’empressin no era que hi hagués un altre terme alternatiu. La raó, simplement, era que no eren “valencianos” des d’un punt de vista lingüístic i cultural, encara que ni tan sols tinguessin un terme alternatiu per a expressar el que realment eren.

Aquesta “disfunció”, si se’m permet l’expressió, encara es feia més evident en el moment que els autòctons migraven cap a zones urbanes, ja fos València, ja fos Barcelona. En tots dos casos, apareixia el conflicte de la “identificació” d’aquestes persones en uns termes que fossin comprensibles i acceptables socialment, un conflicte de difícil resolució ja que no existien –ni existeixen– paraules clares i reconegudes que realitzin aquesta funció de manera satisfactòria.

Veiem, en primer lloc, el cas de València. Com s’anomenen al cap i casal del País Valencià les persones que provenen de les comarques interiors? En general, se’ls diu xurros, tant si provenen de la zona aragonesa com si, més en general, són castellanoparlants. L’etimologia de la paraula xurro és molt discutida. Una teoria diu que és d’origen preromà o basc i deriva de l’arrel tzuria, que vol dir ‘blanc’ –la mateixa etimologia que el riu Túria–, en al·lusió a la blancor de les roques calcàries que travessa aquest riu al seu pas per la comarca dels Serrans. Una altra etimologia al·ludeix a l’expressió que deien els naturals d’aquestes comarques quan juraven un càrrec en valencià, dient “yo, churo” en lloc de “jo, jure”. Altres aficionats a l’etimologia –que porten aquesta disciplina al que més aviat definiríem com una de forma de lleure– adjudicaven l’origen del terme “churro” a una xurreria propera a l’estació de ferrocarril on arribaven els trens que baixaven de Teruel i que portaven a la ciutat naturals de les comarques “churras”. Com podem veure, el terme churro apareix a València com un terme col·loquial, segurament amb un cert caràcter pejoratiu, i no pas com un terme culte aplicable a una identitat reconeguda. Una situació que reforça la idea de disfunció que plantejava anteriorment.


Rondalla de Campos de Arenoso, tocant a la plaça durant la festa major de San Pedro



Si apuntem ara cap a Barcelona, trobarem el fil d’una altra història que ens portarà a la mateixa conclusió. Des de finals del segle XIX es va obrir un corrent migratori molt important que portava la gent de l’Alto Mijares cap a la gran metròpoli catalana. Aquest flux migratori va portar molts habitants d’aquesta comarca a viure als barris industrials de Barcelona, especialment al barri del Poblenou, a principis del segle XX. Més tard, a finals de la dècada de 1920, el flux s’intensificaria amb l’atracció que produïen les obres públiques que van començar a transformar Barcelona, des de la construcció del metro a l’Exposició Universal de 1929. De vegades, aquestes migracions tenien caràcter circular o eren d’anada i tornada en períodes de temps no molt llarg. Aquest va ser el cas del meu avi patern, José Macián Salvador, que va viure un parell d’anys a Barcelona, a la zona del Clot, acabat de casar, i allà va tenir el primer fill. En el seu cas, va venir a treballar a una brigada que es dedicava a urbanitzar carrers i col·locava panots a les voreres. Després tornaria de nou a Montán i allà naixerien la resta de fills, entre ells el meu pare. Als anys 60 va tornar a actuar el motor d’atracció de Barcelona, i noves onades de paisans de l’Alto Mijares van fer el viatge cap a la gran ciutat, com va ser aleshores el cas del meu pare. En totes aquestes onades migratòries, es plantejava la mateixa qüestió nominalista a l’hora d’identificar les persones que venien d’aquesta zona i es donava la mateixa disfunció que hem comentat adés: la dificultat de trobat un nom que expressés aquesta identitat, valenciana i aragonesa, però ni valenciana ni aragonesa plenament. És curiós veure com, també a Barcelona, va aparèixer una expressió col·loquial que els identificava, una expressió que, a diferència del “churro” valencià –una mica pejorativa i creada pels valencianoparlants– seria una expressió creada pels migrants mateixos i amb una connotació bastant diferent. La resposta que els migrants de l’Alto Mijares donaven a la pregunta “I tu, d’on ets?” que els feien els autòctons catalans era: “Soy del Barranco l’Hambre”, un topònim inventat, que volia dir, simplement, “sóc d’un lloc molt pobre, muntanyós, on l’expectativa vital era la gana”, un topònim imaginari amb un toc de tristesa i un toc d’esperança, que explicava tot el que calia explicar sobre el motiu de la migració i sobre el lloc d’on es venia. Buscant, buscant, segurament acabareu trobant algun lloc a l’Alto Mijares que tingui aquest topònim. De fet, n’hi ha un “Barranco del Hambre” al terme municipal de Cirat, a la banda de la pedania del Tormo. Però el topònim no va ser creat per algun cirater enyoradís de la terreta; va ser un destil·lat col·lectiu emocional que trobo realment afortunat. Perquè, efectivament, aquella terra muntanyosa de l’Alto Mijares era, aleshores, i és encara, una terra pobra, bonica i feréstega, en la qual es fa difícil guanyar-se la vida i de la qual moltíssima gent ha hagut de marxar per a fugir de la gana o per trobar un futur més digne.


Fotografia de l’antic carrer de Núria, al barri del Clot de Barcelona,
en l’època en la qual hi va viure el meu avi



Com podem veure, una terra que no té un nom per a expressar quina és la seva identitat és una terra que té un problema, una disfunció, que caldria abordar i mirar de corregir. Els autòctons –almenys els de l’Alto Mijares– no es diuen a si mateixos valencians, tampoc es reconeixen com a aragonesos de manera plena –administrativament, no ho són–, saben que a València els diuen “churros”, amb un cert to despectiu, o bé s’autoanomenen amb una dosi considerable de poesia i de tristesa “hijos del Barranco l’Hambre”, i alguns, molt pocs, potser saben de l’existència d’un dialecte del castellà, dins la família dels dialectes aragonesos, conegut com a “churro” i que es parla en la seva terra. Fins i tot, buscant per les xarxes socials, trobareu un simpàtic intent de crear una toponímia específica per a les comarques de l’Alto Mijares i l’Alto Palancia, amb el mot “Casteruel”, híbrid de Castelló i Teruel.


Tres generacions de Macianes juntes


Si atenem les característiques demogràfiques, econòmiques i socials d’aquestes comarques, no ens estranyarà gaire constatar la gairebé inexistència de cap moviment social o polític que reivindiqui la identitat pròpia, ni que sigui a un nivell bàsic de manteniment del patrimoni etnocultural i lingüístic. Fins als anys 60, l’aïllament geogràfic i el manteniment de les formes de vida tradicionals havien mantingut prou vives les formes lingüístiques genuïnes del “churro”, així com altres expressions de cultura popular pròpies d’aquestes comarques (la música, el cant i el ball de la jota, les rondalles, el cant de la prosa i les “albás”, etc.). A partir dels anys 70, amb el procés de despoblament creixent, amb l’impacte d’una escolarització plena en llengua castellana estàndard –que les generacions anteriors no havien tingut, almenys amb la intensitat i extensió suficient– i, sobretot, amb l’entrada massiva dels mitjans de comunicació de masses en la vida familiar i social, tots ells utilitzant el castellà estàndard, han anat arraconant la pervivència de paraules, construccions, fonètica i d’altres característiques genuïnes de la manera de parlar de la gent “churra”. Un procés que s’ha desenvolupat en paral·lel al procés de desaparició progressiva d’un estil de vida tradicional centrat en el treball agrícola, ramader i forestal, que ha portat també a la desaparició de feines, activitats, eines i festes que, en el millor dels casos, han quedat recollides en algun museu etnogràfic o han servit d’excusa per alguna festa popular revival de les antigues tradicions. Jo vaig tenir la sort –segurament devia ser un dels darrers– de viure amb un peu a cada món. D’una banda, vaig néixer i créixer a Barcelona, per tant, en un context cultural i social urbà i, a més a més, bilingüe en català i castellà. D’una altra banda, durant tota la infància vaig compartir amb la meva família a Montán les vacances escolars i, per tant, passava prop d’un mes i mig cada any fent immersió total en una manera de parlar, de viure, de relacionar-se que, encara en aquell moment, conservava els trets principals d’aquesta identitat “churra”, tant en l’aspecte lingüístic com d’estil de vida. Això m’ha permès conèixer de primera mà moltes paraules que estan caient en desús i que, gràcies al meu bilingüisme, he pogut relacionar amb paraules similars en català o, si investigues una mica, amb paraules específiques de l’aragonès. He pogut viure encara de primera mà feines que s’han perdut ja del tot –o gairebé– com trillar a l’era amb un “trillo” tirat pel “macho”, com “cortar las colmenas” i recollir la mel, com “arrastrar madera” o fer el “matapuerco” tradicional. He pogut parlar amb els meus avis, amb els tiets i tietes i sentir de primera mà la descripció de com es feia una carbonera, de com s’anava a la “siega por aquellos aragones”, com sortien a fer “gabillos” per a vendre’ls als forns de ceràmica d’Onda, com entraven i sortien els “cañizos” de “las higas” a assecar a “las porchás”, o de com la gent criava cucs de seda a casa amb fulles de morera, o de com feien vi en “los cubos” d’obra o aiguardent en alambins. En certa manera, he estat un privilegiat que ha tingut accés a un patrimoni cultural i etnològic ancestral des de la meva posició de persona urbana i moderna, sentint-me còmode en tots dos mons. Un món, el de la llengua i la cultura tradicional pròpia de les comarques “churras” que, lamentablement, està en procés d’extinció si no és que algú fa alguna cosa.

Aquest algú hauria de ser, en primer lloc, la gent que encara viu allà i que encara manté part d’aquest patrimoni o que, com a mínim, en guarden memòria directa. Em costa entendre com és que no ha aparegut de forma clara i valenta un moviment de conservació i dignificació d’una cultura específica, a mig camí entre l’aragonesa i la valenciana, que mereix alguna cosa més que ser objecte de brometa o d’oblit. Aquest algú haurien de ser, també, els poders públics, començant pels ajuntaments i seguint pels governs provincials i autonòmic, que apostessin decididament per aturar la desertització demogràfica que afecta aquestes comarques, especialment l’Alto Mijares, per a oferir serveis públics de qualitat i oportunitats de desenvolupament econòmic sostenible a les persones que encara hi viuen, per tal de fixar tant com es pugui la trama social i humana sobre la qual se sustentava una cultura. Per desgràcia, no soc gaire optimista en relació al resultat de cap d’aquestes dues crides. D’una banda, la demografia moribunda d’aquestes comarques, especialment l’Alto Mijares, dificulta i molt l’articulació de cap moviment social viable. Són massa poca gent, són majoritàriament massa vells i tenen massa problemes de subsistència en el dia a dia com per a aixecar una veu des de la base de la societat que, com a mínim, avisés al món que una cultura –petita, pobra, desconeguda– està a punt de desaparèixer. D’una altra banda, per la poca visió política dels pocs polítics d’aquestes comarques, lligats massa sovint per visions curt-terministes i amb poca o nul·la capacitat de generar visions estratègiques capaces de revertir la situació. Finalment, una barreja de les dues, que es manifesta en l’ínfim pes polític que té el vot de la gent de les nostres comarques... El passat 28 d’abril, a les eleccions generals, en tota la comarca de l’Alto Mijares sencera es van emetre uns 2.500 vots en els seus col·legis electorals. Aproximadament el nombre de vots que s’emeten en un sol col·legi electoral d’una ciutat mitjana o gran. Una irrellevància numèrica que es tradueix en irrellevància política i, com a conseqüència, en la condemna a mort d’una expressió cultural valuosa com era la cultura “churra”. Potser algú haurà d’aixecar un moviment polític que manllevi la idea dels veïns del nord i reivindiqui “El Alto Mijares Existe”, mentre encara estiguem a temps.

dimecres, 28 d’agost del 2019

Necesidad de un cambio


per José Tomás Izquierdo
Biòleg i tècnic de gestió forestal

ESPADÀNIQUES agraeix a l'autor la cessió d'este article tan necessari sobre la gestió i l'ordenació dels recursos naturals, publicat enguany en el llibre de festes de Cirat.




   “Todos debemos ir engrosando ese pequeño ejército, que el día de mañana se considerará un ejército heroico, mucho más que los que lucharon con las armas en la mano. El ejército de los que un buen día dijeron que había que hacer algo para proteger a una Madre que no se queja, que nos ha dado todo lo que tenemos... y a la que estamos matando”.

Félix Rodríguez de la Fuente




Los montes
Han pasado 25 años desde el nefasto incendio que el dos de julio de 1994 comenzaba a quemar, debido a un rayo, buena parte del sur de la comarca del Alto Mijares, desde Espadilla hasta Pina de Montalgrao, y arrasó los montes de  Espadilla, Ayódar, Fuentes de  Ayódar, Torralba del Pinar, Villamalur, Pavías, Higueras, Caudiel, Toga, Torrechiva, Cirat, Arañuel, Montanejos, Montán, Fuente la Reina, Pina de Montalgrao, Benafer. Calcinó un total de 19.309 ha.

En aquella ocasión, las condiciones meteorológicas propiciaron la formación de algunos núcleos tormentosos, con bastante actividad eléctrica y escasa precipitación, las conocidas como tormentas secas estivales. Un rayo fue el detonante del incendio, sin embargo, las causas que favorecieron que de aquel inicial conato se desarrollara el peor incendio de la comarca hasta la fecha son varias y complejas.

dimarts, 14 de juliol del 2015

El 'Catálogo Monumental de la Provincia de Castellón de la Plana': una visió inèdita de l’Espadà-Millars

per Ismael-Pascual Chiva i Molina
Autor del blog Camins en la Natura
Twitter: @ipasc_CM i @caminsnatura

ESPADÀNIQUES vol agrair a l'autor la cessió d'este treball, que es publica simultàniament ací i en el blog de l'autor.

Portada de l'obra manuscrita.Font: Catálogo Monumental de la Provincia de Castellón de la Plana (CSIC)



A primeries del segle XX es va iniciar la redacció d’un gran recull dels monuments més significatius de l’Estat Espanyol, sota el títol de Catálogo Monumental de España. Va ser l’any 1917 quan a Luis Tramoyeres Blasco li va pertocar redactar la part corresponent a la província de Castelló, titulada Catálogo Monumental de la Provincia de Castellón de la Plana (Olucha, 1997). Malauradament, mai va arribar a veure la llum i restà inèdita fins que el Consell Superior d’Investigacions Científiques (CSIC) la va digitalitzar i publicar al seu portal web. Com assenyala Ferran Olucha (1997), en ocasions Tramoyeres es limità a fer un aplec de la bibliografia ja existent sobre el poble en concret. Però en altres, sí que va aportar dades interessants.

El primer esment a l’Espadà-Millars es fa a la introducció del volum, i fa referència a la llengua que es parla: “En la Plana y el Maestrazgo se habla en valenciano con matices diferentes en su léxico y fonética, y el aragonés valenciano a lo largo de la frontera de Aragón, siendo el centro dialectal la región segorbina y las dos vertientes de la sierra de Espadán, habitadas por pueblos de origen morisco y donde quedan rastros algarábigos de estos pobladores” (Tramoyeres, 1917: IV).

Poques pàgines després fa referència a les diòcesis dels nostres pobles: “A la diócesis de Valencia corresponden Arañuel, Argelita, Ayódar, Campos, Castillo de Villamalefa, Cirat Cortes de Arenoso (…); Espadilla, Fuentes de Ayódar, Ludiente, Montanejos, Puebla de Arenoso, (…), Torrechiva, Vallat, Villahermosa y Zucaina (…). Torralba y Villamalur (…)” (Tramoyeres, 1917: VI). La resta formaven part de la diòcesi de Tortosa. La de Sogorb aplegava, per la seua banda, els arxiprestats de Xèrica (Jérica), Montan (Montán), Xelva (Chelva) i Alpont (Alpuente) (Griera, 1931: 9; Tramoyeres, 1917: VI).

Retaule de Sant Martí de Tours, de l'església de la Vall d'Almonesir.
Font: Catálogo Monumental de la Provincia de Castellón de la Plana (CSIC)

En parlar dels temps primitius, Tramoyeres destaca la importància de la Cova del “Toro, en Veo (Sierra de Espadán)”. I afegeix: “Faltan datos para apreciar el aspecto paleontológico de estas cavernas y simas por haber sido exploradas de un modo muy elemental” (Tramoyeres, 1917: 4).

Quan parla de l’època romana es refereix a les nostres terres quan exposa una de les principals vies de comunicació: Sagunt – Calataiud. El citem: “Jérica, después de Sagunto, parece haber sido el segundo centro itinerario de esta vía (…) A Jérica afluían los caminos vecinales de ambas orillas del río [Palancia]. Los habitantes de la margen derecha, procedentes de la Sierra de Espadán, pasaban el Palancia por las cercanías de Navajas, aprovechando el puente llamado de Cartagena, reconstruido sobre estribos de la época romana” (Tramoyeres, 1917: 16-17).

De l’època musulmana destaca que les àrees del riu de Sogorb i l’Espadà eren els nuclis més significatius de l’estirp àrab en terres de l’actual província de Castelló. “Persistió la raza africana, a la que en su mayor parte pertenecían hasta 1609, en que fueron expulsados los moriscos no convertidos al cristianismo. Esta dilatada permanencia en aquellos lugares tiene su justificación en el hecho de ser sus moradores simples cultivadores del campo; dependientes de los dueños territoriales que usufructuaron la actividad agarena en el largo espacio de tres siglos (…) No han conservado aquellos pueblos, todos de reducido vecindario, vestigio alguno que indique su valer en los artes industriales ni en la arquitectura. Desaparecieron las mezquitas; modificáronse las viviendas y se destruyeron todas las señales de la civilización árabe” (Tramoyeres, 1917: 70-71). En aquest punt es fa referència a la inscripció àrab d’Artana: “Fue leída por el catedrático de la Universidad de Salamanca Don Pascual Meneu, hijo de Bechí, en esta forma: Al [il·legible el text de Tramoyeres]  ALLAH, Dios de Mahoma, alzó, (levantó) esta piedra el valuoso ALI ZO BEID” (Tramoyeres, 1917: 74).

Inscripció àrab d'Artana.
Font: Catálogo Monumental de la Provincia de Castellón de la Plana (CSIC)

D’època més moderna no se’n fa cap esment més, i ja comença amb la descripció poble a poble. Concretament en descriu deu dels del nostre àmbit. Són: l’Algímia (Algimia de Almonacid), Argelita, Aiòder (Ayódar), Assuévar (Azuébar), el Castell de la Vilamalefa (Castillo de Villamalefa), Eslida, Matet, Montanejos, la Vall d’Almonesir (Vall de Almonacid) i Vilafermosa (Villahermosa del Río), repartits per les comarques naturals de la Conca del Millars, l’Alt Palància i el Baix Espadà (Beüt, 1971). 
De la resta de localitats, l’autor diu el següent: “Cortes de Arenoso, Espadilla, Fanzara, Toga, Ludiente, Zucaina, Sueras, (...), Fuentes de Ayódar, Torrechiva, (...), Vallat y Ribesalbes. Ninguno de estos últimos ofrecen particularidad alguna en orden a monumentos y obras de arte. Todas las iglesias son modestísimas, correspondiendo a la escasa importancia de los nombrados pueblos” (Tramoyeres, 1917: 175). I “Ahín, Alcudia de Veo, Alfondeguilla, Almedíjar, Chóvar y Veo. Todos ellos están enclavados en la sierra de Espadán. Carecen de obras de arte por ser de corto vecindario, dedicado al cultivo de terrenos pobres. Conservan el aspecto morisco y sus iglesias pequeñas y de arquitectura modesta fueron construidas después de 1609, sin verse en ellas obras de arte merecedoras de particular mención” (Tramoyeres, 1917: 347). Finalment, “Carecen (…) de valor artístico alguno. Enclavados la mayor parte de ellos en la sierra de Espadán son de reducido vecindario, siendo su origen morisco. Las iglesias, principales edificios, son de construcción moderna, de pequeña capacidad y pobres en altares y ornamentos. A esta categoría pertenecen: (…) Campos de Arenoso, (…), Cirat (…), Montán, Pavías, Puebla de Arenoso, (…), Torralba, (…)” (Tramoyeres, 1917: 388). 

ALGIMIA DE ALMONACID 
Lugar situado en la Sierra de Espadán. De origen morisco. Expulsados estos en 1609, don Pedro de Urrea, Señor del lugar, lo repobló con veinte y siete familias de cristianos viejos, procedentes de Navarra y de la Puebla de Arenoso.
La iglesia parroquial está dedicada a San Juan Bautista y de una sola nave con adornos barrocos. Es el único monumento digno de registrarse, a pesar de lo modesto de la fábrica.
(Tramoyeres, 1917: 322)

ARGELITA
Población de origen árabe. Su fundación se atribuye al último Rey moro de Valencia, Zeit-Abuceit y a cuyos hijos perteneció el señorío de Argelita. En la plaza Mayor quedan restos del palacio señorial.
La casa Consistorial ocupa la antigua iglesia del lugar. La moderna, construida a mediados del siglo XVIII, se halla consagrada a San Joaquín y Santa Ana. En 1850 se construyó la capilla de la Comunión.
(Tramoyeres, 1917: 164)

AYÓDAR 
También es de origen árabe este lugar que en el siglo XV perteneció al ducado de Villahermosa. De esa época son los restos del palacio señorial. Existen dos iglesias. La Mayor que tiene por titular a San Vicente Ferrer, construida en 1864 y otra que forma parte de un antiguo convento de dominicos.
(Tramoyeres, 1917: 164)

AZUÉBAR
Población colocada en la falda meridional de la sierra de Espadán y cara al punto de unión de las provincias de Valencia y de Castellón. En su término se han encontrado restos romanos. Fue poblada por moriscos y después de la expulsión de estos por familias cristianas.
La iglesia parroquial está dedicada a San Mateo, con nave corintia. En 1663 fue separada de la parroquia de Soneja y agregándosele el lugar de Chóvar.
El 24 de agosto se colocó la primera piedra de la nueva iglesia por ser la antigua muy pequeña. Inaugurose en 21 de septiembre de 1673. Fue renovada en 1771.
(Tramoyeres, 1917: 332)

CASTILLO DE VILLAMALEFA
Villa de origen morisco. Según el historiador Mundina nació en ella un hijo del último Rey moro de Valencia Zeit-Abuceit el cual en conmemoración de este suceso concedió a los vecinos muchos privilegios y exenciones de contribuciones. Es uno de los parajes más agrestes y pintorescos del partido de Lucena. La iglesia parroquial es pequeña y falta de todo carácter artístico.
(Tramoyeres, 1917: 166)

ESLIDA
Villa situada en las derivaciones de la sierra de Espadán. Algunos autores creen pudo ser la antigua Oleastrum por el mucho aceite que en su término se recoge. No hay datos que justifiquen esta atribución. En una colina inmediata al pueblo existen ruinas de incierto castillejo.
La iglesia, único monumento, es pequeña sin presentar nada de notable en el orden a las Bellas Artes, si exceptuamos el altar mayor en el que hay colocado un lienzo del pintor valenciano Luis Planes, que floreció en la segunda mitad del siglo XVIII. 
De tiempos antiguos se ven vestigios de ruinas en completo abandono y se supone fueron explotados por los romanos y más tarde por los árabes.
(Tramoyeres, 1917: 249)

MATET
Está situado este pequeño pueblo al pie de la sierra de Espadán sobre la falda del monte llamado de la Torre.
La iglesia, dedicada a San Juan Bautista, es pequeña, con nave corintia y sin obra alguna de arte.
(Tramoyeres, 1917: 338)

MONTANEJOS
Villa famosa por sus aguas medicinales. Su origen es morisco. Conquistados por Don Jaime I todos estos lugares en 1239, fundó a Don Pedro Giménez de Vallterra el señorío de Castell-Montalt y sus alquerías anejas. La mayor parte de su población era morisca y en 1609 cuando se verificó la expulsión de estos Montanejos quedó abandonado hasta que nuevos pobladores cristianos reanudaron la vida social.
La iglesia parroquial es de modestas proporciones. Comenzó a construirse en 1732 terminando en 1798. La bóveda central la sostienen diez pilastras con capiteles renacentistas. Tiene once modestos altares, incluyendo en este número el de la diminuta capilla de la Comunión. Son modernos y nada particular ofrecen. El más antiguo es el de las almas con cuadros de anónimo autor. En los cuatro ángulos inferiores de la bóveda hay pinturas de Planes.
(Tramoyeres, 1917: 384)

VALL DE ALMONACID
Está situado este lugar en las estribaciones de la sierra de Espadán. Es de origen morisco.
Su primitiva iglesia no existe. Junto a la casa Abadía se ven restos de un pequeño y antiguo templo, agrupándose la población alrededor de esta iglesia. Las casas emplazadas en este sitio son las más antiguas del poblado. La iglesia actual se fundó en la parte más llana del lugar. Fue construida después de la expulsión de los moriscos en 1609. Está dedicada a la Purísima Concepción. De una sola nave de orden corintio, con altar mayor moderno. En la última capilla, lado de la Epístola, existe un antiguo retablo de San Martín, Obispo de Tours. Procede de la extinguida cartuja de Vall de Cristo, Segorbe, y fue donado por el ayuntamiento en 1836 con motivo de haber visto destruida la iglesia con ocasión de la guerra civil. Este retablo es obra de un artista valenciano que debió florecer alrededor de 1415. En los guardapolvos hay pintados escudos de Aragón y Sicilia, y seguramente fue donativo del rey don Martín fundador de la Cartuja.
En el recinto de la población vieja existe la antigua casa señorial, reformada en el siglo XVII, sin conservarse en ella obra de arte.
Un castillo derruido, ocupa la cúspide de una montaña cercana al pueblo. Compónese de varias torres construidas en diferentes periodos, pero su estado impide fijar la fecha de la construcción. No obstante puede afirmarse que ya existía antes de la reconquista de Jaime I de Aragón.
(Tramoyeres, 1917: 345-346)

Església antiga de la Vall d'Almonesir.
Font: Catálogo Monumental de la Provincia de Castellón de la Plana (CSIC)

VILLAHERMOSA
Villahermosa es lugar de origen morisco. Zeit-Abuceit la fundó por carta puebla de 9 de marzo de 1242. Los primeros pobladores fueron de Villamalefa denominándola Villahermosa por ser esta la traducción de la primera. Más tarde fue cabeza del ducado por merced de Juan II de Aragón y de Navarra a su hijo Don Alfonso de Aragón. Los primeros pobladores se establecieron en un cerro llamado la Muela. En 1707 fue destruido el antiguo poblado por las tropas de Felipe V y se reedificó en la ladera del monte de modo que las casas están en anfiteatro y como puestas unas sobre otras resultando calles muy incómodas y poco recomendables por el mal gusto y pobreza de los edificios. 
La iglesia aunque espaciosa carece de obras de arte si exceptuamos una Virgen, escultura del artista valenciano Don José Bonet.
Cuenta Villahermosa con un ermitorio que es un verdadero museo de tablas de los siglos XV y XVI. A unos seis kilómetros se levanta el consagrado a San Bartolomé, muy espacioso, con hospedería e iglesia gótica reformada en el siglo XVIII. Lo más notable son los antiguos retablos en ella conservados. Algunos nos parecieron proceden de la iglesia parroquial. Cinco son los principales. Debe figurar en primer lugar, y por ser el más completo, el de Santa Catalina mártir, obra del valenciano Juan Reixach, de 1465, formado por la tabla central con la imagen titular y seis pasajes de la vida de la santa mártir, y predela o banco con seis compartimentos de santos y vírgenes.
Reputamos como de los comienzos del siglo XV otro retablo, también completo, con los titulares de San Vicente mártir y San Bartolomé, obra de un maestro valenciano de la escuela de Pedro Nicolau.
De un artista local seguramente de San Mateo, que floreció hacia el 1480, es el tercer retablo con la Virgen sedente y varios santos en los cuadros laterales.
Ofrece legítimo interés el cuarto retablo formado de fragmentos de otros tres, todos ellos de excepcional interés por ser obra de maestros valencianos de la centuria decimoquinta. La parte interesante de este conglomerado de tablas es la central y dos laterales que forman un retablo completo. La Virgen sedente rodeada de ángeles pertenece al tipo de la Virgen llamada de Tobed, o de Enrique de Trastámara, y que nosotros tenemos por obra del valenciano Lorenzo Zaragoza. 
(Tramoyeres, 1917: 170-172)

Retaule de Sant Esteve, de Vilafermosa.
Font: Catálogo Monumental de la Provincia de Castellón de la Plana (CSIC)

Retaule de Santa Caterina, de Vilafermosa.
Font: Catálogo Monumental de la Provincia de Castellón de la Plana (CSIC)
Retaule de la Mare de Déu de la Llet (de Tobed), de Vilafermosa..
Font: Catálogo Monumental de la Provincia de Castellón de la Plana (CSIC)

Retaule de la Mare de Déu sedent, de Vilafermosa..
Font: Catálogo Monumental de la Provincia de Castellón de la Plana (CSIC)


BIBLIOGRAFIA
  • BEÜT, Emili (1971). Geografia elemental del Regne de València. València: Lo Rat Penat.
  • GRIERA, Antoni (1931). Gramàtica històrica del català antic. Barcelona: Institució Patxot. 
  • OLUCHA, Ferran (1997). "Història de l’art castellonenc: la producció bibliogràfica, estat de la qüestió". Millars: espai i història, 20.
  • TRAMOYERES, Luis (1917). Catálogo Monumental de la Provincia de Castellón de la Plana. Inèdit. Disponible en línia ací